Chile, verano de 1990. Mientras el país da sus primeros y frágiles pasos hacia la democracia, el hogar de una joven de quince años experimenta su propia fragmentación. En este contexto de mutación social, ella debe navegar el fin de su infancia y la disolución de su núcleo familiar, descubriendo que la libertad —tanto la de una nación como la personal— conlleva la pérdida de las certezas que antes la sostenían.