En 1977, tras ser víctima de una estafa bancaria, Tony Kiritsis irrumpe en las oficinas financieras y secuestra al hijo del presidente de la firma, sujetándole al cuello un letal dispositivo conectado a una escopeta. Para liberarlo, exige la devolución de su dinero y una disculpa pública emitida en televisión nacional, en un suceso real que paralizó a todo un país.