El devenir político de Chile en las últimas cinco décadas parece oscilar pendularmente entre el fervor y la desilusión. Al explorar el archivo visual de nuestra nación —desde cintas caseras hasta registros históricos—, queda en evidencia cómo las grandes promesas se diluyen con el tiempo. Surge entonces la interrogante de qué es lo que nos impulsa, a pesar de los fracasos acumulados, a seguir proyectando un futuro compartido.